una mirada de plenitud (2)

está lloviendo. sentada en la mesa de mi escritorio veo cómo el agua cae acompasada desde hace horas. el repique de la lluvia contra la ventana me reconforta, me hace sentir acompañada. varias gotas se han posado en las lucecitas de la terraza y a primera vista da la sensación de que las luces se hayan duplicado. las temperaturas han bajado hasta los 12 grados y me he puesto un jersey finito de manga larga, me estaba quedando fría. no parece que estemos en julio, pero hoy no parece importarme.

retomo mentalmente la conversación iniciada en la newsletter de este mes. qué ha producido este cambio de mirada, el pasar de una que pone el acento fuera y en la carencia a otra que lo pone dentro y en la plenitud. sé que ha sido un cambio gradual y que todavía a veces me resulta demasiado fácil enfocarme hacia fuera, pero hay algo que se ha asentado definitivamente.

si cierro los ojos, me veo en Madrid. Madrid fue un punto de inflexión en muchos sentidos, y en este también. el proceso empezó antes, pero el paso por la capital fue crucial. acostumbrada a mirar siempre lo que me faltaba, todo lo que me quedaba por hacer, por conocer y por aprender, la oferta infinita de la ciudad fue simplemente demasiado para mí. fue darme de bruces con la realidad de que nunca podría hacerlo todo, conocerlo todo. todo era nuevo, acababa de mudarme, y «todo» era mucho. iba a necesitar varias vidas para conocer una ciudad siempre activa y cambiante como Madrid. creo que esta constatación activó progresivamente la pregunta: «y hacer tanto, para qué?». empecé a darme cuenta de la carrera sin sentido en la que me metía yo sola y de que muchas veces (la mayoría) ni siquiera sabía por qué lo hacía. eran tantos los inputs que recibía, que simplemente me ponía a actuar, tenía que «hacer» algo con toda aquella cantidad de información, absorber toda la posible.

en Madrid asenté la natación, la práctica de yoga y la meditación, y las tres, pero sobre todo la última, me ayudaron a centrar la atención en el presente. sentándome unos minutos cada mañana en silencio a observar mis sensaciones y mis pensamientos, empecé a entrenarme sin ser consciente para callar el ruido que me rodeaba y para enfocarme solo en lo que hacía a cada momento. y esto abrió un mundo increíble ante mí, uno que siempre había estado a mi alcance, pero que, con tanta actividad y mi atención fijada en la siguiente tarea, había sido incapaz de ver. el sonido del chup-chup de la olla al cocinar un plato, el olor a ropa limpia después de tender una lavadora, ver cómo nace una hoja nueva en una planta o cómo florece, el tacto de una toalla limpia o de una cerámica rugosa, el sabor de unas fresas si me las comía sin la tele o el ordenador encendidos, sin distracciones… empecé a advertir belleza y a encontrar placer en las cosas más pequeñas del día a día, una belleza y placer que poco a poco fueron extendiéndose hasta impregnar (casi) cualquier actividad del día.

y me di cuenta de que, cuando quería hacer mucho, no podía apreciar todas esas sutilezas que tanto me llenaban porque el tener que correr para hacer lo siguiente y mi angustia de no llegar a todo me lo impedían. así que me empezaron a sobrar cosas. planes, viajes, tareas, encuentros…

este está siendo mi proceso. no está acabado y no sé si alguna vez lo estará. ante la inmensísima cantidad de estímulos a los que estamos expuestos, a menudo siento esa urgencia por hacer más, por correr más, por esforzarme un poco más, por llegar a más… y vuelvo a sentirme de menos. por eso ahora también intento ser cuidadosa y consciente de las ventanas que abro porque cada una contiene tal dosis de información que es abrumador.

lo bonito y trascendental de este proceso para mí es que he cambiado la percepción respecto a mi vida; siento que lo que tengo es suficiente y vivo mi día a día dándole valor y sintiéndome agradecida. me ha descubierto y me sigue descubriendo una sensación de plenitud y de felicidad que no responden (tanto) a estímulos externos, una felicidad serena que viene de dentro.

 

pd. de luces y sombras

4 Comments

  • Julia
    Maravillosa reflexión, gracias por compartirla, he tenido la misma sensación muchas veces, como de tener la necesidad de más, tener, hacer o ser y poco a poco, descubro que ya hago, tengo y soy suficiente.
    • drimvic
      cuánto me alegro de que vayas descubriendo esto, Julia. gracias por compartirlo aquí conmigo :) un abrazo grande ***
  • Veronique
    la meditación ayuda mucho. he experimentado algo muy similar a lo que cuentas. me alegro que vayas recorriendo tu camino con mayor lucidez. y creo que este proceso se acaba al final del camino, mientras sigue en proceso, seguimos recorriendo el camino. gracias Anna por compartir
    • drimvic
      qué bien que tú también hayas hecho un proceso similar, Véronique. para mí la meditación, crear ese espacio de silencio diario conmigo, fue clave. gracias a ti por estar al otro lado de la pantalla siempre. un abrazo muy grande ***

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