sobre escucharse, respetarse y bajar el ritmo

chica frente al mar, de Salva López

los últimos 15 días me he sentido muy extraña. cuando volvía en AVE de Barcelona hace 12 días sentí como si de repente se me hubiera acabado toda la energía, sin más. no tenía ganas de hablar, ni de pensar, ni de hacer… nada, absolutamente nada.

en cierto modo era previsible. desde finales de enero llevaba un ritmo externo y, sobre todo, interno mucho más elevado de lo que creo que es saludable. y, aunque lo veía, era incapaz de pararlo, tan metida estaba en esa rueda de actividad, de pensar que todo es urgente. en alguna ocasión en ese último mes le había comentado a rícard sé que estoy muy pasada de vueltas, me siento muy revolucionada por dentro pero no soy capaz de parar, no sé cómo hacerlo. suerte que el cuerpo siempre es más sabio que la mente y le dio al off sin pedir permiso siquiera.

ese fin de semana alternamos ratos de sofá con paseos por Madrid con Marta, la hermana pequeña de rícard, que estaba de visita. el domingo caí derrotada en la cama y el lunes me levanté con la sensación de que 10 personas se habían paseado por encima de mi cuerpo durante toda la noche.

la verdad es que, a pesar del agotamiento, me siento muy agradecida. agradecida porque, en los últimos años, cuando mi cuerpo ha necesitado parar lo ha demostrado con tal brutalidad y fuerza que me ha costado varios meses de recuperación cada vez. pero en esta ocasión ha sido mucho más suave o quizás es que he sabido escucharme antes? el otro día le decía a mi madre por teléfono tengo la sensación de que es como si me estuvieran poniendo a prueba; las otras veces ha sido todo tan extremo y ahora es como si el cuerpo me estuviera advirtiendo de que pare sin necesidad de llegar al límite y se trata de ver cómo voy a reaccionar yo a eso, si voy a escucharlo o a ignorarlo como tantas otras veces

y estoy muy satisfecha de decir que esta vez lo escuché, lo escuché mucho. cancelé planes y reuniones, me atrasé con dos entregas, no contesté correos, publiqué menos aquí y en redes sociales, tuve el móvil en modo avión la mayor parte del tiempo, dormí más y me observé atentamente: qué necesito hacer ahora? salgo a la calle a dar un paseo? no, me siento muy cansada para salir; qué necesito? necesito tumbarme y no hacer nada. ok, pues adelante.

a pesar de lo absurdo que puede sonar, no me ha resultado nada fácil hacer esto. era como vivir una batalla permanente entre lo que me pedía el cuerpo y lo que me exigía la mente, entre el ser y el hacer. la culpabilidad por no cumplir, por retrasarme en las respuestas, la sensación de estar perdiendo el tiempo, sentir que me estaba aprovechando de la situación por descansar sin estar «realmente» enferma… todo esto afloraba cada vez que no estaba siendo productiva. y aunque no fui capaz de rendirme a la vida contemplativa al 100% y cada día me puse a trabajar un ratito, nunca hasta ahora había sido capaz de escucharme y respetarme de esta manera y, los ratos en que trabajaba, lo hacía en cosas que me apetecían y que no exigían un gran esfuerzo.

estos días he leído el periódico, he pintado una cómoda que tenemos en la habitación a la que le tenía muchas ganas pero nunca encontraba el tiempo para ponerme, he hecho un brownie vegano (compartiré la receta en los próximos días, está súper rico) y un curry de garbanzos y anacardos, he plantado una planta, me he despertado sin despertador un par de días y el viernes me regalé un paseo y visita al museo Sorolla que tiene una exposición preciosa ahora mismo.

y aunque todavía estoy floja y voy a medio gas, me siento mucho mejor que hace una semanas, con más vitalidad y más alegría. y esto me ha servido como recordatorio de que lo urgente es muy relativo, que no pasa nada si «desapareces» unos días porque no somos imprescindibles, el mundo sigue girando igual; de que es mucho más saludable aceptar las cosas y fluir con ellas en lugar de batallar contra ellas; y de que hay pocas cosas verdaderamente importantes y escucharse y respetarse son dos de ellas.

muy buena semana ***


pd. sobre el self love o el amarse a uno mismo & cuando no se llega a todo


{fotografía de Salva López}

9 Comments

  • Me he visto identificada, últimamente siempre estoy agotada, tirando del carro cuando a veces ni siquiera puedo tirar de mi misma, los peques hacen de motor para que me levante y mi pareja que sufre de dolor crónico por una lesión, las cosas no son fáciles a veces y parar es necesario, ayer salí toda la tarde con mi peque al parque, aparqué lavadoras, cena y todo lo "urgente", aunque ir al parque con un peque travieso no es el ideal de "deconectar" porque hay que estar alerta (tengo un aventurero), he podido bajar un poco la tensión de no llegar a todo, no necesitamos llegar a todo...Te mando un abrazote enorme , me alegro que te sientas mejor
  • Anna la naturaleza es muy sabia y es importante saber escucharla..tú con tu cuerpo (solo tenemos uno, sabes?) hazle caso, a que cuando no has podido?, pero podido del todo, las cosas han continuado y no ha pasado nada, pues eso piensa en ti, lo primero, es duro y difícil de aceptar, pero mas vale desconectar a tiempo y hacer kit kat (siiiiii, como el anuncio) aquí estaremos a que nos cuentes tus cosas cuando puedas o quieras, a mi me gustan tanto, un abrazo con mucho cariño.
  • yo también te mando un abrazo bien fuerte, Sara. el caso es ese, que no necesitamos llegar a todo, aunque entiendo que el ritmo y la vorágine del día a día no nos lo ponen fácil. espero que encuentres la manera de recuperar fuerza y el espacio para parar unos ratitos. un beso
  • gracias Elena. efectivamente, nunca ha pasado nada y no va a pasar porque no somos imprescindibles, pero a veces parece que pensemos que sí lo somos. yo también te mando un abrazo con mucho cariño :)
  • Siempre es un placer leerte y reconocerme en tus palabras
  • muchas gracias, comentarios así me llenan de ilusión ***
  • […] sobre escucharse y respetarse, aprendizajes de una treintañera y un libro […]

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